Desde bien joven me sentía como «un ser de otro planeta» alguien con naturaleza científica, investigador nato de todos los procesos mentales y psicoespirituales, que tal vez acabó en el planeta tierra por un accidente/error, ¡Quién sabe! lo cual me llevó a una búsqueda incansable del sentido de la propia existencia humana”
Realmente es el relato típico de una película de ciencia-ficción, aunque mucho me temo, que esa búsqueda interminable, la cual me lleva más de 30 años ha finalizado con éxito y he podido comprobar la veracidad de los hechos.
El ser humano tiende a perderse con absoluta facilidad, todo ello me llevó a abandonarlo todo y a buscar el sentido más profundo de la existencia humana hasta llegar a la más completa extenuación.
Pero de pronto sentí una voz que me indicó: «Vuelve al pueblo y comparte lo que sabes» (era la voz de mi padre y abuelo biológico—los García—). No le di mayor importancia y me centré en el materialismo puro y duro como cualquier ser mortal, trabajo duro, penurias de todo tipo hasta que una señal me devolvió de nuevo a la cruda realidad de mi esencia, y emprendí de nuevo una búsqueda en bucle.
Esta vez no podía volver a caer en la trampa de las terapias new-age las cuales considero que en mayor o menor medida han sido parasitadas incluso creadas para que el ser humano se pierda en este laberinto que es la mente. Comprobé como los sistemas oficiales seguían en la edad media o fase muy primitiva.
El problema que tiene la sociedad moderna es que todo está al alcance de un clic y es tanta la información, técnicas y terapias que más que ayudar es un perderse continuamente. No me quedaba más remedio que tomar algo para relajarme o desconectar de la presión a la que estaba siendo sometido, pero no iba a caer esta vez en adicciones a medicinas químicas las cuales destrozan y fragmentan el alma así que consulté con mi hermano del alma y me habló de las microdosis de psilocibina… ¿Psilo quéeeeee…? ¿Cómo no he escuchado eso en mi vida después de 30 años investigando?
Un par de semanas después probé la psilocibina en macrodosis, y me llevó un par de años investigando sobre el uso de psicodélicos y enteógenos, probando, estudiando, asistiendo a encuentros… Una vez encauzada la misión del alma no tenía claro el abordaje terapéutico a realizar y por ¿“destino”’? me topé con la terapia regresiva pues consideraba que era algo kármico y faltaba encontrar el supuesto karma. Ya había realizado una regre en 2018 sin embargo la mente no me permitía acceder más allá de esta vida.
Después de toda la formación y haber tenido acceso a más de 25 vidas anteriores me di cuenta de que no era algo kármico, era algo mucho más profundo, algo que trasciende los conceptos humanos, y tras realizar una REMEV con una compañera salió algo parecido a sesiones en terapia regresiva.
El alma está tan dolida que coloca no ya resistencias sino bloqueos como tabiques de hormigón para que no pases y aunque no pude pasar del todo fue suficiente asomar la cabeza y sentir lo que pasó.
Un ser de otro planeta de naturaleza científica, investigador nato de todos los procesos mentales y psicoespirituales en otra dimensión acabó en el planeta tierra siendo atrapado por un agujero de gusano mientras investigaba en una nave, lo cual le llevó a una pésima adaptación a este planeta en evolución, eso supuso una búsqueda incansable del sentido de la propia existencia humana” este sería uno de los orígenes de las distintas semillas estelares que estamos en la tierra.
Montado el puzle completamente, lo que se consigue es una aceptación plena a lo que uno es y a continuación se abre el campo de posibilidades infinito que lleva a cada uno a realizar la misión de alma. Así que creé un sistema psicoterapéutico espiritual de la forma más sencilla posible para que cualquier ser humano pueda encontrarse a sí mismo.
Actualmente soy miembro de la Asociación Española de Terapia Regresiva AETR donde estoy continuamente actualizándome, pues cada día se descubren atajos que facilitan el abordaje terapéutico.